¡No me digan que no es una combinación y presentación bien graciosa y resultona la de los conocidos “tigres”! Y si encima se hacen bien, cremosos y en su punto, y se fríen de forma correcta, y les ponemos al lado unas olivas, ¡pues nos tomamos un vermú de aúpa!
El universo “croqueta” es inabarcable. Las podemos hacer de casi todo y para todos los gustos, y normalmente las damos forma redonda, ovalada o cuadrada. En este caso estamos hablando de una croqueta de mejillón emplatada, usando la propia concha del mejillón para hacerlo. No sabría decirles porqué lo llaman “tigre”, o al menos no he encontrado una explicación que me parezca razonablemente significativa. ¿Quizá por los distintos tonos de marrón anaranjado que pueden resultar sobre el empanado tras freírlos y el parecido de esto con la piel de algunos tigres? ¿Quién sabe? Porque sí existe un mejillón cebra, que está colonizando algunos embalses y destruyendo el ecosistema. Pero no tiene nada que ver con este otro. En todo caso, croqueta de mejillón, podemos quedarnos con esa idea.
Porque al final lo cierto de todo es que hacer tigres es similar a hacer croquetas, la elaboración es la misma, con lo cual, lo que necesitamos, es una buena combinación de ingredientes y proporciones y trabajarlos con técnica y paciencia, ya que este plato nos va a requerir un rato.
Mejillones frescos
Es importante tener unos buenos mejillones. Hay que ir a la pescadería y hacerse con medio kilo de mejillones bien frescos, a ser posible de las rías gallegas. Galicia es uno de los principales productores del mundo de este producto tan excepcional, este molusco bivalvo de concha alargada, triangular y negra, y con una carne más anaranjada que la de otros parientes suyos de otras latitudes, como los de Francia o Países Bajos que, además, suelen ser de tamaño más pequeño.
El mejillón tiene una proteína de muy alta calidad -siempre se ha escuchado eso de que comerte una docena de mejillones equivale a comer la misma cantidad de proteína que si te comes un filete-; es muy rico en ácido graso omega 3, tan beneficioso para el corazón y la salud en general; es muy rico en vitaminas, entre las que destaca la B12; hierro, fósforo y magnesio, y aporta también una cantidad importante de yodo. Es muy rico, nutritivo y, dentro de lo que cabe, barato en relación con sus primos y primas
Lo primero que vamos a hacer, y nos ponemos ya a cocinar después de esta breve a la par que interesantísima disertación, es abrir los mejillones. Limpiamos bien las conchas con una puntilla, porque luego vamos a usarlas y no queremos que estén llenas de pelos o de corales. Los ponemos en una cazuela con unas gotas de agua, tapamos y damos caña al fuego. En el momento en el que dentro de la cazuela se empiece a generar vapor tardarán no más de tres minutos en abrirse. Los sacamos, separamos la carne de las conchas, colamos el caldo y reservamos, reservamos también las conchas separadas y limpiamos bien la carne del mejillón de los pelillos que pueda tener. Picamos bien fino la carne de los mejillones y reservamos.
La masa para los tigres
Primero vamos con lo que más tiempo lleva. Cortamos la cebolla en juliana fina, la ponemos en una sartén o cacerola baja con unas gotas de aceite y la pochamos bastante a fuego suave, removiendo de vez en cuando. Unos 20 minutos, hasta que esté bien marroncita y blanda. Sacamos y, sobre una tabla, picamos toda esta cebolla pochada bien fino. Por otro lado, ponemos a calentar en una cazuela la leche y la nata. Si reducen un poco, mejor. Y dejamos templar un poco.
En la cazuela en la que vamos a hacer la masa, metemos la mantequilla y, cuando se deshaga, incorporamos la cebolla pochada, el pimentón y rápido la harina, y rehogamos unos minutos para cocinar la harina. Incorporamos la leche y la nata y hacemos la bechamel, cociéndola durante unos quince minutos removiendo con una varilla. Es el momento de añadir un poco de caldo de mejillón, que nos sirve para poner en el punto de espesor deseado la masa. Incorporamos los mejillones picados y retiramos.
Montaje y fritura
Con una cuchara vamos cogiendo cucharadas de masa y las ponemos sobre las conchas de los mejillones, extendiendo bien. Una vez que tenemos todas las pasamos por huevo y por pan rallado (sólo la parte de la masa) y freímos a 170 grados hasta que el rebozado está tostado. Sacamos a pan absorbente, emplatamos y a disfrutarlos. Una cosita más: podemos hacer muchos y congelarlos, así ya solo será freírlos la próxima vez que los queramos comer.
Ingredientes:
- ½ kg mejillones frescos
- 500 gr caldo de mejillón
- 1 litro leche
- 200 gr nata
- 180 gr harina
- 90 mantequilla
- 0,5 gr pimentón dulce
- 1 cebolla
- Sal
- 2 huevos
- 300 gr pan rallado
- Aceite de fritura
Puedes ver esta receta en nuestra sección Cocino Divino de El Mundo de Valladolid




