En cada cucharada de esta sopa, cuyo origen se halla en el recetario francés, encontramos siglos de historia al tratarse de un clásico de la gastronomía. Si bien es cierto que esta sopa no se ha infiltrado en nuestros recetarios de forma similar a como lo han hecho otras elaboraciones francesas, la técnica para su elaboración sí que ha influido en numerosas recetas.
Paul
Bocuse, en su imprescindible libro “La cocina de mercado” -publicación de los
años 70 del siglo pasado que, entre otras cosas, fundamenta el origen de lo que
fueron los nuevos tiempos en una cocina francesa que posteriormente influenció
al mundo entero- ya trata con cariño este emblemático plato de la cocina
francesa. Se trata de una sopa de sabor y aroma profundo y reconfortante, cuya popularidad
trasciende fronteras hasta llegar a convertirse en un clásico que sigue
cautivando a paladares de todo el mundo.
Los
orígenes de la sopa francesa hay que buscarlos en la antigüedad, como plato
modesto y humilde que era considerado comida para personas de bajo poder
adquisitivo, ya que utiliza ingredientes tan sencillos y económicos como
cebollas, pan y caldo. Su versión moderna se atribuye a la cocina francesa del
siglo XVIII y, con el tiempo, la sopa de cebolla pasó de ser una comida considerada
básica a un plato incluso distinguido, transformándose en un elemento
imprescindible en los menús de los restaurantes franceses y, posteriormente, en
hogares y cocinas de todo el mundo.
La
simplicidad de los ingredientes es uno de los encantos de esta sopa. Las
cebollas, con su dulzura caramelizada, son el elemento principal. Se cocinan a
fuego lento hasta que alcanzan una tonalidad dorada y adquieren un sabor
profundo y agridulce. El caldo, ya sea de carne, de pollo o vegetal, aporta una
base sabrosa, mientras que el pan, típicamente baguette o similar, se coloca
encima y se gratina con queso, otorgando a la sopa su característica capa
crujiente y dorada. El vino blanco o mejor aún el Oporto, un toque distintivo,
añade una complejidad sutil pero significativa al sabor general. Hierbas como
el romero, tomillo o laurel complementan la riqueza de la sopa, aportando
aromas frescos y notas adicionales a la preparación.
Preparación
de la sopa
Vamos a
preparar todos los ingredientes. Son pocos, con lo que no vamos a tardar mucho.
Esta es una receta de mucha paciencia en el pochado, más que de mucho trabajo
con los ingredientes. Cortamos el ajo en láminas, la cebolla en juliana muy
fina y hacemos la rebanada de pan.
En una cazuela
a fuego suave ponemos el aceite de oliva y la mantequilla, que dejamos
derretir. En ese momento metemos el ajo y dejamos pochar ligeramente.
Incorporamos la cebolla en juliana y una pizca de sal. Vamos a seguir a fuego
suave y a remover sólo de vez en cuando, cada tres o cuatro minutos. El único
secreto de esta sopa es la paciencia y pochar de formas muy intensa la cebolla,
procurando que adquiera tonos tostados, pero nunca quemados. Para ayudar en
este proceso, a los 10 minutos de pochado vamos a incorporar un poquito del
caldo, como 30 ml, para que empiece a cocerse, la cebolla ablande y favorezca
el pochado una vez que evapore este caldo. Vamos a hacer esto otras dos veces
más cada siete u ocho minutos. Importante que el fuego esté suave porque necesitamos
un pochado largo.
Cuando
lo tenemos, incorporamos el vino Oporto y dejamos evaporar. Es el momento de
añadir una pizca de romero fresco y el resto del caldo, para dejar que se
cocine a fuego lento durante quince o veinte minutos, o hasta que tengamos la
textura de sopa deseada. Sólo nos queda tostar un poco la rebanada de pan,
ponerle encima un poco de queso rallado y unas gotas de aceite, y poner a
tostar de nuevo para que funda el queso. Emplatamos la sopa y disponemos sobre
ella la tostada con el queso, para rematar disponiendo sobre toda la
preparación un hilo de aceite de oliva virgen extra. Les aseguro que esta sopa
les va a sorprender. Olvídense de que es de cebolla y prueben a hacerla. En
“Cocino Divino” hemos hecho cursos de cocina francesa en los que hemos realizado
varias recetas de su gastronomía. ¿Y saben de qué se acuerdan más las personas
que participaron en estos cursos? Pues sí, de la sorprendente sopa de
cebolla.
La sopa de cebolla francesa, con su riqueza de sabores y su capacidad para despertar emociones, perdura como un tesoro culinario atemporal. Desde sus modestos orígenes hasta su estatus actual como un plato gourmet, ha mantenido su encanto y atractivo universal, cautivando a generaciones con su sencillez y su exquisita complejidad.
Ingredientes:
- Una cebolla grande
- Medio diente de ajo
- Una nuez de mantequilla
- 10 ml aceite de oliva
- 400 ml de caldo de pollo
- Una pizca de romero fresco
- 20 ml vino Oporto
- Sal
- Pimienta
- Una rebanada de pan
- Queso de fundir
Puedes ver esta receta en nuestra sección Cocino Divino de El Mundo de Valladolid
